sábado, 2 de julio de 2016

¿Cómo enseñar a los hijos a ser agradecidos?

El valor de la gratitud se ha ido perdiendo en sociedades que han desechado la cortesía y la amabilidad en lo formal y que sustituyen generosidad por narcisismo en lo material. Sin embargo, aprender a dar las gracias por lo que somos, tenemos y nos rodea, no solo genera un mejor ambiente a nuestro alrededor, sino que nos hace más felices.
Ayudar a nuestros hijos en el camino de la gratitud es el objetivo que se proponen Jeffrey J. Froh y Giacomo Bono enEducar en la gratitud (Palabra, 2016). Te presentamos una síntesis en diez claves de los pasos que tenemos que seguir para lograrlo.
  1. Que educar en la gratitud sea una prioridad
De todas las cuestiones, esta es la más importante. Si no conviertes en una prioridad que tu hijo sea más agradecido, no avanzará en este campo. Todos recibimos numerosos estímulos que nos empujan en un millón de direcciones y, en el ajetreo cotidiano, es fácil perder de vista lo importante. Pero algo se puede hacer. ¿Cuál es la solución? Poner primero las cosas que importan.
  1. Enseña la gratitud y da ejemplo
Nuestros hijos quieren ser como nosotros. Por lo tanto, deberás habituarte a adoptar el estilo lingüístico específico de las personas agradecidas, que tienden a usar términos como ‘dones’, ‘suerte’, ‘abundancia’ o ‘apoyo’. Además, tienen que ver en nosotros pequeños gestos de agradecimiento a los demás: una carta o una llamada a quien nos ha echado una mano, una invitación a comer a los que nos ayudan.
  1. Pasa tiempo con tus hijos
A los niños, e incluso a los adolescentes −aunque a veces parezca mentira−, les gusta estar con sus padres. Uno de los mayores regalos que les puedes hacer es tu tiempo. La calidad del tiempo importa, pero la cantidad también. Mientras estás con tu hijo, compórtate como si fuera la última vez que compartes un rato con él.
  1. Ocúpate de tus hijos cuando estés con ellos
Aunque llevar a tus hijos al parque es un gran modo de reforzar vuestros vínculos, es muy importante que estés totalmente presente –tanto física como mentalmente– en los ratos que compartes con ellos. Eso significa evitar todas las distracciones, incluido el teléfono. Cuando empieces a distraerte –es normal que te pase–, vuelve al aquí y al ahora y céntrate de nuevo.
  1. Apoya la autonomía de tus hijos
La disciplina inductiva -enseñar a los niños a aceptar las responsabilidades de sus actos- apoya la autonomía porque muestra a los niños que su comportamiento afecta a los demás, y les ayuda a comprender las razones por las que deberían tratar a otros con respeto. Entonces es cuando la gratitud se vuelve realmente importante, a medida que los chicos hacen elecciones cada vez más relevantes, con efectos duraderos en su carácter y en la trayectoria de su vida.
  1. Usa las cualidades de los niños para alimentar su gratitud
Las cualidades del carácter son las virtudes o buenos hábitos que queremos que tengan nuestros hijos. Conocer y usar sus cualidades permite a un niño identificar sus intereses y perfeccionar sus habilidades. Cuando hayas identificado sus diez cualidades más destacadas y conozcas su perfil único, anímale a que las utilice siempre que sea posible. Esto le permitirá́ ser cada vez más servicial y colaborar con los demás, lo que le hará más agradecido.
  1. Ayuda a los chicos a centrarse en las metas intrínsecas
Es fácil para las personas, especialmente para los más jóvenes, ir detrás de objetivos extrínsecos o materialistas, metas como la riqueza, el estatus y la imagen. Pero suele llevar a interacciones sociales menos satisfactorias y a perspectivas que impiden las relaciones profundas con los demás y una auténtica gratitud. Nuestra misión consiste en disuadirles de ir detrás de metas extrínsecas y orientarles hacia objetivos intrínsecos, como las relaciones con la sociedad, su pertenencia a una familia y su desarrollo como personas.
  1. Anímales a ser generosos y a ayudar a los demás
Cuando echan una mano, especialmente cuando usan sus cualidades más destacadas, se sienten más cercanos a los que están ayudando. Ser generosos les hace más agradecidos por dos motivos. Primero, porque cuanto más ayuden a los demás más aprenderán sobre lo que requiere ser amables y podrán agradecerlo cuando les devuelven algún favor. En segundo lugar, porque esto les permite construir relaciones más sanas en las que se pueden apoyar, indispensables para el desarrollo de la gratitud.
  1. Ayuda a los jóvenes a alimentar sus amistades
Deberías animarles a agradecer las cosas con regularidad y a cooperar con los demás, siendo serviciales y generosos. Si saborean esas relaciones, se reforzarán sus vínculos. Ayudar a los niños a alimentar sus relaciones con sus amigos y con otras personas, como mentores, maestros, entrenadores, etc., les ayudará a construir su capital social.
  1. Ayuda a tus hijos a encontrar lo que les importa
Tener un objetivo en la vida ayuda a los jóvenes a orientarse hacia la construcción de una existencia con sentido. Han de conectar con personas que pueden convertirse en sus modelos, que les orienten, y con expertos que les impulsen más lejos para encontrar y desarrollar su meta.
Tienen que ver en nosotros pequeños gestos de agradecimiento a los demás: una carta o una llamada a quien nos ha echado una mano, una invitación a comer a los que nos ayudan.
Ser generosos les hace más agradecidos por dos motivos. Primero, porque cuanto más ayuden a los demás más aprenderán sobre lo que requiere ser amables y podrán agradecerlo cuando les devuelven algún favor. En segundo lugar, porque esto les permite construir relaciones más sanas en las que se pueden apoyar, indispensables para el desarrollo de la gratitud.
WEB-Educar_para_la_gratitud_-_Ed_Palabra (1)

TOMADO DE:http://es.aleteia.org/2016/06/03/como-ensenar-a-los-hijos-a-ser-agradecidos/

domingo, 6 de septiembre de 2015

Construyamos vínculos sólidos con nuestros hijos



Para que los hijos sean personas afectivamente sanas, es necesario que los padres ejerzan su rol.

Los vínculos que se conforman desde antes de la gestación de un ser humano, son los que le permitirán más adelante establecer relaciones afectivas sanas y duraderas con otras personas.  
Este principio es tan cierto, que las personas más estables afectivamente son aquellas que se han sentido más amadas y han tenido relaciones significativas con sus padres.  Estos vínculos de amor se empiezan a formar desde que la pareja tiene el deseo de hacer una familia, de tener un hijo.
Esas relaciones con la madre y el padre, en la medida que sean sólidas, fuertes, firmes, permitirán  al hijo desarrollar una matriz psicológica para crecer de forma íntegra. Esta es la “teoría del vínculo”, sobre la que conversamos con Andrea Saporiti, psicóloga argentina que estuvo en Guayaquil para dictar una diplomatura sobre sexualidad y afectividad, por el Instituto de Matrimonio y Familia (IMF).

Rupturas familiares

A pesar de que existan rupturas familiares, como dificultades entre la pareja,  igual estos vínculos permanecen. No dejamos de ser padres ni hijos por el hecho de que la familia se haya roto o separado.  “Tu nombre está puesto por alguien que te dice quién eres, así como un apellido que te dice que perteneces a esta familia y no a otra. En estos tiempos, ya casi me animaría a decirte que a nivel globalizado se busca tanto quebrar los vínculos familiares, porque cuando los quiebras, la persona empieza a desmembrarse y es más fácil de manejar”, asegura la psicóloga Saporiti.
El problema de fondo es que, muchas veces, los adolescentes se encuentran con que sus padres están en crisis.

“Uno siempre quiere volver a ese lugar donde es aceptado por lo que es”, aún en situaciones extremas o patológicas, como familias donde hay maltrato, el niño igual quiere volver donde su mamá, a pesar de la violencia, porque el vínculo permanece. Aún cuando el vínculo no sea sano, es lo que sostiene a la persona.
De ahí la importancia de desarrollar vínculos fuertes con los padres, porque van asociados con la identidad del hijo, el autoestima y la auto valoración que tiene el niño, el adolescente, el joven.
Y uno puede preguntarse qué pasa con los papás que no estuvieron presentes en la infancia de su hijo, ¿acaso se puede formar vínculos sólidos más adelante? “Siempre existe la posibilidad de reparar”, asegura la psicóloga, “primero porque no somos seres condicionados, segundo porque tenemos la libertad para elegir esto y tercero porque nunca es tarde cuando uno tiene la intención de hacerlo. Si el papá –por la razón que fuera- no estuvo presente, siempre hay alguna forma de revincularse. La reparación permite este reconstruir el vínculo”.
Si se diera un divorcio en la familia, lo fundamental es tener claro que esos padres no se van a poder separar jamás; porque se separaron como esposos, pero siguen siendo padres.

Relaciones fugaces: la afectividad hoy

Hoy los adolescentes tienen relaciones fugaces, hay una banalización del enamoramiento y los adultos nos sorprendemos de cómo toman ellos sus relaciones sentimentales.  La única salida es estar junto a ellos, siempre acompañar esos procesos de crecimiento en la afectividad. “Mantener una distancia prudencial, ni demasiado cerca que nos podemos chocar, ni demasiado lejos que los podemos perder, como cuando uno maneja”, comenta Andrea Saporiti.  En la adolescencia es clave acompañarlos, para que puedan despegar; teniendo en cuenta que este es un proceso que se va dando desde la primera infancia.   Cuanto más los padres vayan generando espacios de diálogo y de confianza desde el inicio, mejor puede será el desenlace en la adolescencia. En los casos que esto no se dé, es importante no desesperarse, no entrar en pánico.
Si bien hoy pareciera ser que todo es descartable, no son descartables, ¡son personas!

Un síntoma de la banalización de las relaciones amorosas entre jóvenes es que los chicos pueden “vacilar” (besar o tener sexo sin compromiso) con una chica fácilmente. “En esto creo que el problema reside más en las mujeres que en los varones”, asegura la experta, “hay un cambio en la imagen de la mujer a nivel social y cultural: una mujer que avanza, que provoca, lo que muchas veces termina generando en las chicas -que están en pleno proceso de desarrollo- cierta confusión. Muchas veces no son plenamente conscientes de lo que provocan, por eso es importante el acompañamiento tanto del papá como de la mamá”.
La sicóloga Andrea Saporiti
La sicóloga Andrea Saporiti

Y en este punto, la figura del papá para la hija es muy importante, porque es él quien la irá guiando desde la mirada del hombre. Con esa correcta auto valoración podrá evitar caer en situaciones extremas: “Hay cosas que siguen siendo iguales desde que el hombre es hombre, más allá de que ahora cambia el formato y la presentación, porque paradójicamente hoy parece que todo es más rápido, más fácil, más descartable, cuando uno habla con los chicos –esto lo veo en el consultorio- no es la chica “fácil” la que quieren para formar una familia, para casarse. Entonces, termina siendo una contradicción. Por eso, hay que acompañar, tanto al varón como a la mujer, en el respeto a uno mismo, al otro. Si bien hoy pareciera ser que todo es descartable, no son descartables, ¡son personas! Y que de alguna manera aquello que me afecta a mi, también le afecta al otro”.

Metas más altas para los hijos

¿Cómo plantearles metas altas a los hijos, a pesar de que están en un mundo que propone ‘vivir el momento’ y en el ambiente es tan fácil encontrar droga, alcohol, sexo fugaz?  “El ejemplo es la mejor apuesta”, dice rotundamente la psicóloga. “Porque a veces los adultos les decimos muchas cosas, pero los adolescentes nos miran y nos dicen: ¿y vos?”. 
Como padres es importante no perder de vista los propios ideales, mostrarles que, aunque a veces el camino no sea el más fácil o el “más divertido”, vale la pena; porque cuando uno tiene metas altas hay un correlación entre lo que uno plantea y además vive. Esto tiene una fuerza para el adolescente que no se le olvida jamás”.
El problema de fondo es que muchas veces los adolescentes se encuentran con que sus padres están en crisis, bien porque están en ruptura con su cónyuge o bien porque no quieren asumir el rol del adulto. El joven se encuentra entonces con unos padres con quienes no puede confrontar. “Para poder crecer y desarrollarse, el adolescente necesita ir confrontando con alguien, para encontrarse. Ahora, si no encuentra ese otro, sino un par de adultos que están en las mismas, el adolescente dice: esto no vale la pena (madurar), mejor me quedo donde estoy”.

¿Cómo lograr vínculos sólidos?
Con varios puntos que son claves:

-Tener claro la demostración del afecto.

-La presencia: hoy todos vivimos a una velocidad y a veces ahí nos perdemos de los momentos esenciales. Lo que no hay que perder de vista es que no solo es importante la cantidad sino la calidad. A veces no podemos estar demasiado tiempo por cuestiones laborales; pero sí estar presente cuando uno está presente, porque esto los niños lo reciben directamente, los chicos son altamente perceptivos. Esto no quiere decir que la cantidad no sea necesaria, pero hoy sucede que uno está sin estar. Hay varios elementos como los celulares, Whatsapp, Facebook que hace que la persona no esté.

-La escucha.

Por: Sonia María Crespo de Illingworth
Directora


TOMADO DE: http://www.revistavive.com/construyamos-vinculos-solidos-con-nuestros-hijos/

viernes, 17 de abril de 2015

Los siete pecados de padres del adolescente

Los siete pecados de padres del adolescente Educar no es fácil, se necesita un plan claro de virtudes y valores Por: José G. Sentandreu | Fuente: www.el-adolescente.com Natalia Echeverri en el Universal.com nos deja este artículo sencillo y claro, errores de los padres de adolescentes. Los comparto porque son palabras llenas de sentido común... Seguramente usted es de quienes escuchó infinidad de veces “porque soy su papá y punto”, “¿es que sus amigos le dan de comer?”, “no, mientras viva en esta casa”… Frases con las que sus padres afirmaban su autoridad y ocultaban, muchas veces, que carecían de los argumentos necesarios para mantener una conversación. Y como todo lo aprendemos de ellos, parecería normal que también nosotros repitiéramos las famosas frasecillas que en ese entonces nos llenaron de una ansia subnormal por ser adultos con rapidez. Así que antes de continuar con la educación de ese ser mitad niño mitad joven, pregúntese si está exigiendo de su hijo o hija en la misma proporción de lo que le brinda. De nuestra propia historia se podría deducir que ser demasiado autoritario o, por el contrario, muy permisivo, son los errores más comunes que cometen los padres de adolescentes. Sin embargo, según la experiencia en consulta del doctor René Solano, sicólogo de familia y magister en Educación y Desarrollo Humano, existen siete puntos de los cuales los padres deberían reflexionar al educar a sus hijos. 1) No tener un plan claro en la crianza Es indispensable que los dos padres tengan una idea unificada de lo que quieren formar en sus hijos. Esos son temas que los matrimonios no suelen sentarse a hablar, no planean cuál es la dirección que quieren tomar, qué valores desean inculcar en sus hijos, y esto es un error porque establecer los objetivos de formación facilita pensar en los distintos ámbitos de la vida del adolescente: académica, afectiva, social, etc. Después de hablar sobre esos temas, conviene que los dos unifiquen lo que quieren. Los padres tienden a tener puntos de vista diferentes: generalmente, uno es más rígido y el otro más flexible, así que deben negociar y ponerse de acuerdo en los medios para ejecutar esos planes. 2) No ofrecer un modelo completo de la vida adulta Este es un problema muy grave porque los chicos no tienen por qué imaginarse la vida a futuro. Para eso tienen a sus padres. No obstante, usualmente tienen la imagen de que a los papás “les toca esforzarse mucho y divertirse poco” y eso les hace poco gustosa la idea del mundo adulto. Por eso es una herramienta de crianza muy importante aterrizarlos en cuanto a por qué los padres toman determinadas decisiones, por qué hacen lo que hacen, cómo han planificado sus vidas, qué decisiones tomaron cuando se equivocaron y cuando tuvieron éxito, cómo resuelven su vida afectiva, social, etc. A través de esa conversación se debe hacer un llamado a la realidad para no dejarlos solos gravitando en el mundo del juego y del placer. 3) Solo satisfacer Y este punto tiene una variable: satisfacer en exceso. Los padres quieren darles gusto a sus hijos y está bien que quieran brindarles una mejor calidad de vida de la que tuvieron. Pero al hacerlo cometen una equivocación y es impedir que sus hijos vivan las frustraciones. Lo cierto es que todos tenemos límites y queremos muchas cosas. Sin embargo, no siempre se puede, allí hay una tarea importantísima que debe asumir el adolescente, y el adulto le debe ayudar a no desesperarse, a afrontar la dificultad, a no caer en la desesperación, a aceptar la limitación y la historia que le tocó vivir. 4) Darles la idea de que lo valioso es solo lo material "Ese es un punto delicado y gravísimo, porque lo que hace realmente feliz a las personas son los bienes inmateriales como los valores, la justicia, la alegría y la unidad. Los chicos pueden comprarse la pinta, estar en la rumba, tener lindos zapatos y esos son momentos de felicidad, pero todos quedan fuera del ser. Y cuando se rompe el zapato fino y no puede comprarse otro, eso representa un reto muy tenaz para el muchacho”, asegura el doctor Solano. 5) Desconocer la vida social del adolescente Un fallo “requetegrave” –de acuerdo con nuestro asesor- es desconocer las amistades del hijo adolescente, los lugares que frecuenta, los intereses verdaderos, los temas que le interesan y los que usa para socializar e identificarse. Desconocer su mundo es permitir que haya oportunidades para que le ofrezcan alternativas dañinas. El problema no es que se meta en problemas, el problema es que esté solo o con unos referentes inadecuados para resolverlos. Todo ser humano confronta situaciones difíciles y dolorosas, pero lo importante es aprender a resolverlas, por eso hay que buscar cómo romper la distancia, los silencios, la frialdad. 6) Solo juzgar y recriminar Este punto se deriva del anterior. Muchos padres promueven la distancia con los hijos al pararse como adultos, juzgando y recriminando sus gustos, y no reconocen ni entienden el porqué de sus actos. Esto genera una ruptura importante, pues los muchachos sienten que los adultos no los quieren. 7) No conocer sobre la adolescencia En otras palabras, desconocer qué se vive en ese proceso en cuanto a ideas, relaciones sociales, emociones y cambios. Los padres no deben dejarse llevar por modas, la idea de que el papá o la mamá tiene que ser cómplice, o eso de que “yo soy amigo de mi hijo”, es muy confuso par el chico o la chica, pues sus padres no asumen un rol de orientación y firmeza sino de complicidad con los deseos del hijo… pero de una manera negativa. No informarse o no pedir ayuda para manejar las situaciones tensas lleva a que los padres acepten distanciamientos o le pongan títulos negativos al muchacho (“¡es un rebelde!”). Incluso si están divorciados deben ponerse de acuerdo. Hay que saber que los adolescentes acaban de ser niños y van hacia la juventud, y es que otro error grave es pensar en ellos como adultos. Los jóvenes de hoy son ‘grandotes’ de cuerpo, pero no son adultos; su poder de reflexión y decisión están limitados y cuando los padres se dejan dominar o imponer ideas están abandonando su papel, dejando que los chicos vivan una cantidad de situaciones que no tendrían por qué vivir si tuvieran al lado a adultos eficaces Si quieres comunicarte con el autor de este artículo, escribe un mensaje a jgsentandreu@legionaries.org

lunes, 8 de diciembre de 2014

Aprenda cómo ayudar a los niños a realizar las tareas escolares en casa

Más allá del debate sobre si los alumnos tienen que hacer o no deberes en casa, lo cierto es que realizar las tareas escolares fuera del horario lectivo es un pilar del sistema educativo en España. Muchos defienden que los deberes refuerzan los aprendizajes de clase, que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y disciplina y que refuerzan la concentración y la memoria. Es una labor y una responsabilidad de los hijos, pero los padres también cumplen un papel: el de vigilar, apoyar y seguir que los chicos cumplan las tareas y resolver sus dudas, pero nunca, nunca hacerles los deberes.
Los deberes son una responsabilidad asumida por muchas familias. El 80% de los alumnos en Primaria recibe ayuda de sus padres para hacer las tareas escolares y el 45% de los estudiantes en Secundaria, según una encuesta elaborada por TNS Demoscopia. Pero, sin duda, ayudar a los hijos a realizar los deberes puede ser motivo de tensión y conflicto en casa, incluso puede suponer una gran carga, sobre todo, para muchos padres que trabajan y les falta tiempo de dedicación a los hijos.
Para llevar bien esta gran responsabilidad, es conveniente conocer cuáles son los errores más comunes que cometen los padres a la hora de realizar los deberes con sus hijos y cómo solventarlos. Carmen Guaita, profesora y vicepresidenta del sindicato de profesores ANPE, explica los fallos más habituales y ofrece las claves para realizar con éxito estas tareas:
1. Hacer los deberes en cualquier sitio, en la cocina mientras se prepara la cena; en el cuarto de estar mientras otros ven la tele…
En su lugar: Procurar que el «momento deberes» sea importante para la familia: en un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Si no se dispone de él, en un ambiente de silencio y trabajo general en la casa, sin distracciones, sin tele... «Debemos demostrar que nos los tomamos en serio —dice Guaita—. Si mientras los chicos trabajan, papá o mamá leen o también trabajan estaremos mandando un buen mensaje».
2. Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.
En su lugar: Aceptarla realidad. «Los deberes son los que son y los que tocan. Si vemos que sobrepasan a nuestro hijo, debemos acudir al centro educativo para notificarlo, pero en casa se debe respetar todo lo posible la decisión del profesor. Estamos preparándoles para la vida, y en la vida habrá mucho trabajo y esfuerzo», afirma la profesora.
3. Hacerlos nosotros.
En su lugar: Realizar las tareas escolares de los hijos ni aumenta su capacidad de trabajo ni su disciplina, ni les hace aprender nada nuevo. «El sentido común, la gran herramienta que todos los padres tenemos aunque a veces no le hagamos caso, ya nos lo está diciendo».
4. Entender los deberes solo como nuevos aprendizajes de conocimientos.
En su lugar: Los deberes escolares son refuerzos para el aprendizaje y, sobre todo, una ocasión para aprender a trabajar de manera autónoma. Los padres pueden explicarles las dudas, pero mucho más razonable es ayudarles a encontrar la respuesta que buscan: en sus propios libros de texto, en internet…
5. Convertir los deberes en el «momento regañina» de cada día.
En su lugar: Convertir el tiempo de hacer deberes en un tiempo de paz y tranquilidad. Si el alumno tiene dificultades, puede y debe consultarlas con sus profesores al día siguiente. Es muy perjudicial crear en casa ansiedad ante lo relacionado con la escuela.
6. No tomar en serio su necesidad de presencia y apoyo.
En su lugar: Soltar el smartphone y estar disponibles para ellos, mirándoles y escuchándoles cuando así lo requieran.
7. Imponer un control absoluto.
En su lugar: «Si quieren que les tomemos la lección, debemos hacerlo. Si les ponemos nerviosos o ellos nos ponen a nosotros, es mejor confiar en su responsabilidad. Y decirles en voz alta que confiamos en ella», dice Guaita.
8. Evitar el diálogo con los profesores.
En su lugar: Potenciar el diálogo y la colaboración con los profesores y consultarles si hace falta alguna ayuda suplementaria.
9. Permitir que afronten las tareas escolares agotados ya de tareas extraescolares.
En su lugar: Las actividades extraescolares son necesarias pero no pueden ser obsesivas. Los alumnos pueden tener demasiadas modalidades: deporte, idiomas, música, ajedrez… todo a la vez. Es mejor adecuarlas a la personalidad e intereses del hijo y permitir tardes en las que solo haya que jugar en casa y estudiar.
10. Ser anárquicos.
En su lugar: Los deberes son, sobre todo, un aprendizaje del trabajo autónomo y la autodisciplina. Para Guaita, «les ayudamos si les animamos a establecer un tiempo mínimo y máximo, siempre a la misma hora, en el mismo sitio, siempre con el móvil apagado. Todo tiene su momento es un gran aprendizaje para un niño pero son sus padres quienes deben mostrárselo. También con el ejemplo».

Cómo organizar el tiempo de los deberes


TOMADO DE:http://www.abc.es/familia-educacion/20130117/abci-diez-errores-deberes-201301141327.html

domingo, 12 de octubre de 2014

EDUCAR LAS EMOCIONES 1.CÓMO HACER QUE NUESTROS HIJOS SEAN MÁS INTELIGENTES DESDE EL PUNTO DE VISTA EMOCIONAL

Una persona con éxito no es aquella inteligente, famosa o millonaria, sino la que lleva la vida quiere y es la persona que quiere ser, aceptándose a sí misma y a sus circunstancias. ¿Hay mayor éxito que este?
¿Qué nos hace felices?
Muchos de nosotros nos educamos bajos principios que suponían cumplir durante nuestra etapa estudiantil una serie de condiciones supuestamente indispensables para lograr el éxito: ser muy obedientes sacar buenas notas…
¿Con qué nos encontramos ahora muchos de los adultos? Con que, a pesar de haber cumplido dichos preceptos, no somos todo lo felices que deseamos.?
Según Goleman, una persona feliz es la que:
1. Conoce sus propias emociones.
2. Sabe regular sus emociones.
3. Sabe automotivarse.
4. Sabe reconocer las emociones de los demás.
5. Sabe establecer relaciones con los demás.
Para pensar
¿Cuántos de estos factores tienen que ver con nuestro coeficiente intelectual o con nuestros resultados académicos?
Si tan importante es la inteligencia emocional: ¿quién nos educa emocionalmente?, ¿Dónde se educan las emociones?, ¿Cómo educar emocionalmente a nuestros hijos?
La vida familiar, primera escuela de aprendizaje emocional
Goleman afirma que el impacto del aprendizaje emocional que tiene lugar en el seno de la familia es muy profundo, ya que durante los primeros años de vida se produce un rápido y potente desarrollo.
Los padres y las madres tenemos mucho que ver y que decir ante la vivencia de las emociones de nuestros hijos.
Para que nuestros hijos sean más inteligentes emocionalmente, debemos ayudarles a identificar y manejar sus emociones y plantearles situaciones que favorezcan sucapacidad de afrontar los retos de la vida cotidiana.
No hay que olvidar que, como principal modelo de nuestros hijos, debemos cuidar la forma en la que conducimos nuestras propias emociones y reacciones delante de ellos.
Lo más esperanzador es descubrir que la inteligencia emocional se puede desarrollar a lo largo de toda nuestra vida.


TOMADO DE:http://sentirypensar.aprenderapensar.net/2010/02/19/educar-las-emociones-es-posible/comment-page-1/

10 CLAVES PARA LA EDUCACIÓN DE TUS HIJOS

1 Los padres deben educar la voluntad de los hijos y sus sentimientos. Preparar a un hijo para la vida no es satisfacer todas sus voluntades y todos sus caprichos.
Enseña a tu hijo a renunciar y a oír "no".
No impongas la renuncia, pero llévalo a aceptarla libremente.
Señala la razón del renunciar, su valor y necesidad para la vida.
Si no aprende ahora a decir no a lo permitido, luego no sabrá decir no a lo prohibido.
El exceso de mimos echa a perder a los niños; los hijos muy mimados sufren mucho en la vida. Vivirán siempre alterados e inseguros.
El exceso de mimos y de censuras, críticas y castigos es la principal causa de inseguridad en los jóvenes. Los grandes hombres de la historia soportaron pruebas y privaciones en la vida. Poco se puede esperar de los hombres que nunca supieron lo que son privaciones, renuncias y sacrificios.
Los que reciben todo en la infancia no sabrán dar nada como adultos.
La cólera es nociva para la educación de los hijos. La ira nos lleva a decir palabras sin pensar y a actuar irreflexivamente.
El hablar sin pensar y el actuar sin reflexionar pueden lastimar, herir, ofender y llevar a cometer injusticias.
Habla con tu hijo con calma y ten actitudes ponderadas.
La cólera, la ira, la falta de dominio pueden hacer que se cometan desatinos.
Muchos padres, llevados por la ira del momento, hieren el corazón de los hijos con palabras semejantes a éstas:
"Tú no sirves para nada." "Maldita la hora en que te engendré." "Tú eres la vergüenza de la familia." "Tú no vales nada." "¡Tú eres un hijo indigno! "
Después, cuando estás en calma, reflexionas y te arrepientes. Pero será demasiado tarde. Las palabras ya fueron dichas y el corazón de tu hijo ya fue herido.
Piensa antes de hablar y reflexiona antes de actuar.
A un corazón herido siempre le queda una cicatriz.
No hables sin pensar y sin medir el alcance de tus palabras.
No hagas un gesto sin medir las consecuenclas.
Tu hijo es un tesoro que merece todo el amor, respeto y cariño; es un tesoro de la vida entregado en las manos de los padres.

El secreto que un hijo confía al padre o a la madre debe ser como una piedra lanzada al mar. Se esconde en el fondo, nadie la ve, descubre, conoce.
Sé siempre discreto, guarda en lo profundo del corazón el secreto de tu hijo. La confianza, una vez. perdida, difícilmente se recupera.
Un joven comienza a desorientarse desde el momento en que pierde la confianza en sus padres. Mientras los hijos confíen en los padres, tendrán siempre una luz que los ilumine, una guía que los conduzca y, una brújula que los oriente.
La mejor escuela de la vida es el ejemplo de los padres. Los hijos precisan más los ejemplos que las enseñanzas.
Los padres no les pueden exigir virtudes y cualidades que ellos no tienen. Vigilando sus propias obras, los padres estarán construyendo la moral de sus hijos. ¿Qué ejemplos les das? ¿A ti te gustaría que tus hijos hicieran lo que tú haces?

La misión de los padres es orientar, esclarecer, amar, comprender, incentivar. Actuar así es darle la oportunidad a tu hijo para que se afirme en la vida. El amor que los hijos reciben de los padres y la confianza que éstos depositan en ellos es para los jóvenes un seguro amparo de vida.

El desahogarse es una necesidad psicológica de toda persona. Tu hijo muchas veces está psicológicamente agobiado y siente la necesidad de desahogarse. Precisa decir lo que siente.
Escucha con paciencia y benevolencia su desafío, aunque hable en forma agresiva e irritada.
Aprende a escuchar con paciencia y atención el desahogo de tu hijo y evitarás muchas discusiones, desavenencias y contrariedades.
Deja que tu hijo diga todo lo que siente y, cuando esté en calma, estará en condiciones de razonar y reconocer el error.
Comparte las dudas, angustias y problemas de tu hijo y él será tu amigo.

Saber escuchar en silencio es una virtud que los padres también deben tener. Antes de contradecír a tu hijo, escucha, analiza y trata de comprender lo que él quiere decir. Y después habla, pero con amor.
Cuando los padres se precipitan en responder o en contradecir al hijo, pueden cometer una injusticia o interpretar de modo incorrecto, y esto suscita la rebeldía del hijo.
Deja que tu hijo hable y oiga pacientemente, y sólo después habla, analiza, medita y dialoga con él.
Una persona irritada no está en condiciones de oír y comprender.

Deja que tu hija hable, sólo escucha. Después dialoga calma y serenamente con ella. Tal vez ella diga muchas cosas equivocadas, pero analizándolo bien encontraremos muchas verdades entre los errores.
Apreciar y valorizar lo bueno da mejores resultados que señalar y condenar de inmediato lo equivocado. A nadie le gusta ser refutado y censurado al instante.
Muchos padres no defienden la verdad, pero si sus puntos de vista para que prevalezcan sobre los puntos de vista de sus hijos.
El hijo no es un adversario a combatir, sino un amigo a conquistar. Y para conquistar nada mejor que saber oír.

Tu hijo precisa consejos y recomendaciones, pero deben ser bien dosificados, dados con amor y bondad. Una andanada de consejos y recomendaciones irrita y satura. El exceso, en lugar de producir efectos positivos, trae resultados negativos. Da a tu hijo los consejos más útiles y prácticos, no los más agradables. Dale un consejo como una sugerencia y no como una imposición.

10 ¡Cuántos jóvenes aún no descubrieron el verdadero sentido de la vida! Viven y no saben por qué. Estamos en este mundo para amar y hacer el bien, el amor nos une unos a otros y todos unidos amaremos a Dios. El amor siempre trae unidad y conlleva a hacer obras de bien. Una vida sin amor es una vida vacía y sin sentido.
La vida nos es dada para crecer siempre más en el amor y para engrandecernos a través de la práctica del bien.

Educar no es sólo combatir el mal, señalar y censurar los errores; educar es sobre todo íncentivar el bien, impartir buenas costumbres, valorizar las buenas obras y estimular.
El exceso de críticas y de censuras elimina el incentivo y el deseo del bien. Pero apreciar y valorízar las cosas buenas estimula y anima a proseguir el camino del bien y a mejorar. El exceso de críticas y censuras lo vuelve inseguro, angustiado y alterado.
Señala con amor los errores de tu hijo, aprecia sus virtudes, incentiva el bien y valoriza sus buenas acciones.
Que la crítica, la censura y la reprensión sean siempre constructivas y no destructivas. Que sean siempre positivas y no negativas.
* Recordar errores pasados y ya perdonados, desestimula y desanima. No es agradable oír siempre la misma queja, oír siempre la misma melodía de las personas que persisten en tocar la misma tecla.
Olvida los errores cometidos por tu hijo en el pasado, e incentiva el bien en el presente, valorizando sus buenas acciones, por pequeñas que sean.

* Y así, si él fuera malo, tratará de ser bueno, y si fuera bueno se esforzará para ser mejor.

TOMADO DE:http://webcatolicodejavier.org/clavesedu.html