lunes, 17 de febrero de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Cómo convivir dentro de la familia
Sí, las familias son columnas de una sociedad sana. Cuando sucede lo contrario se resquebraja la armonía, se pierden las ganas de vivir, el caos lo invade todo.
Ciertamente la mayoría de las familias merecen mejor opinión de la que con frecuencia se tiene de ellas.
Pero no cerremos los ojos frente a ciertas señales evidentes de peligro. Frecuentemente el crimen está ligado directamente con el fracaso de la vida familiar.
Es por eso que cada familia debe reconocer su responsabilidad ineludible para la buena marcha de esa sociedad donde actuamos y vivimos y que siempre queremos mejor.
Para ello es necesario el aprecio mutuo entre los papás; también cuando pasan los años se ven muchas veces, sólo cosas negativas que antes se disculpaban, se toleraban...
SER SINCEROS. Imprescindible es el consultarse mutuamente y siempre que sea necesario, compartiendo abierta y confiadamente las opiniones. Sinceridad en todo, sin secretillos de ninguna naturaleza, que suelen acarrear un maremoto de celos de imprevisibles consecuencias para la paz del hogar.
Es necesario mirarse el uno al otro como personas y no únicamente como "padres". Debe resaltar siempre lo bueno, corrigiendo con cariño y comprensión los desaciertos.
Jamás una reprimenda, o "decirse cositas" frente a los hijos... ¡porque eso no lo olvidarán jamás! También en cuanto a la educación de los hijos deben hacerse un plan y trabajar los dos mancomunados, unidos... pues si uno dice "si", y el otro dice "no", desconcierta... si una parte permite todo, o desacredita y la otra parte trata de poner un orden en la vida familiar, desorienta a los hijos que generalmente se sienten heridos en el alma, o tratan de sacar "ventajitas" de las desavenencias de sus propios padres...
PREVENIR. Nadie en la vida está libre de momentos desagradables, pero es necesario prevenir, medir las palabras y actitudes, pensando en las consecuencias; la bondad, el perdón, el diálogo y muchas veces el silencio antes que las palabras fuera de lugar. Son piezas claves para la armonía familiar. Conviene recordar aquí lo que decía San Francisco de Sales: "caza más moscas una gota de miel que un barril de vinagre.
Desastres familiares provienen generalmente de cosas pequeñas que se amontonan y nunca se quiere enfrentar y aceptar para darle adecuada solución... y luego resulta tarde. Un divorciado confiaba esto: "Hubo en mi matrimonio malos ratos que yo pensaba que eran intolerables... hasta que he descubierto que la vida es más intolerable sin ellos". Al respecto aconsejaba el cardenal Feltin: "Que los esposos no se hagan ilusiones: la felicidad que los esposos encontrarán en el hogar será siempre fruto de una renuncia recíproca. El amor tendrá que ser purificado y cultivado siempre, debe construirse sin descanso, no existe un estado definitivo, una conquista definitiva del amor".
Cuando pensamos que la felicidad del hogar es completa, siempre surge un nuevo deseo... Lo importante: actuar siempre sin egoísmos, que es como un cáncer que carcome toda ilusión. La mayoría de los enfrentamientos entre esposos, o entre padres e hijos se debe a que sobra calle y falta hogar, sobran palabras y falta silencio; sobra bulla, bochinche y falta diálogo y oración.
(Tomado de Cristo Hoy)
por: Lorenzo Bovier
por: Lorenzo Bovier
ENCONTRADO EN:http://www.aciprensa.com/Familia/convivir.htm
La increíble resistencia francesa a la desnaturalización del matrimonio
El domingo 26 se celebró una nueva “manif por tous”, frase acuñada contra el “mariage por tous”, que ha transformado radicalmente el concepto de matrimonio en el famoso Código de Napoleón, abriéndolo a parejas del mismo sexo. Como de costumbre, no coinciden las cifras, pero sobrecogen: más de un millón según los organizadores, 150.000 según la policía. En todo caso, como titula la newsletter de Le Monde, fue una demostración de fuerza de los “anti-mariage gay”. La presencia de esa multitud se avalora por el hecho de que la ley está ya promulgada, tras su aceptación por el organismo francés de control constitucional.
Lógicamente, los partidos mayoritarios dieron mucha importancia política al evento, aunque los organizadores insisten en que su propósito es estrictamente social y familiar. El ministro del interior, Manuel Valls, llegó a desaconsejar a la gente que acudieran con sus hijos, por razones de orden público: en el fondo, molestan mucho las imágenes de familias amplias, alegres, que defienden con optimismo y buen humor unos modos de vida que, de hecho, no coinciden con los resultados de tantos sondeos de opinión.
Nadie hizo caso al ministro. Más bien, está siendo fuertemente criticado por su intento de limitar la libertad ciudadana, así como por su amenaza de prohibir a algunos de los movimientos surgidos en torno a esta cuestión –acusados de extremismo–, que se han dado a sí mismos el nombre de “primavera francesa”.
La superación del mayo francés de 1968Más entidad tienen algunos análisis que comparan la situación actual con otra primavera más antigua: el mayo francés. Si algunos principios de aquella gran revuelta en la Francia del general De Gaulle siguen informando hoy las políticas de partidos de la izquierda, las diversas “manif pour tous” han desvelado la existencia de una franja amplia de gente joven que se opone a ese radical individualismo, que está en el origen de otras muchas injusticias.
Desde el poder, se intenta combatir el movimiento apelando al orden público, frente a mínimos incidentes: nada, comparado con los que se produjeron en el Trocadéro con la celebración del campeonato de fútbol ganado por el París-Saint Germain. De otra parte, tratan a esa oposición como si fuera algo propio de la extrema derecha, cuando los hechos demuestran hasta la saciedad que no es así. En fin, pretenden presentarlo como un intento de la Jerarquía católica de influir en la vida pública, que dividiría a los propios creyentes…
Nunca faltan palabras disidentes del resto de un progresismo decadente como el de Témoignage Chrétien (reducido ya a una mínima presencia digital, aunque tiene el eco de Le Monde y La Croix). Pero la realidad es que la postura inequívoca de los obispos franceses poco tiene que ver con viejos confesionalismos: en este punto, se ha producido una coincidencia casi unánime de todas las confesiones religiosas.
Nadie podía imaginar que en Francia se produjera un rechazo tan amplio a un proyecto que invoca ideas tan suyas como las de igualdad y libertad. Queda por ver ahora la intensidad en los próximos meses: la presidente de “Manif por tous”, Ludovine de La Rochère, declaró con fuerza al final de la concentración del domingo que “proseguiremos el combate en toda Francia”.
El futuro de la protesta socialLa batalla se complica por el interés de algunas formaciones políticas. El apoyo –como el del presidente de UMP, Jean-François Copé– incluye también una cierta invitación a trasladar a la política el serio compromiso social que han desarrollado a lo largo de los últimos meses: en 2014 se celebran elecciones municipales en el país vecino.
No faltan quienes intentan dividir a los católicos, resucitando la vieja cuestión del conservadurismo frente al progreso y la modernidad, con un cierto enfrentamiento hacia la Jerarquía. Mons. Jean-Luc Brunin, encargado de las cuestiones de familia y sociedad en la conferencia episcopal francesa, afirma con claridad: “La Iglesia ha contribuido a la reflexión y a sacar a la sociedad de la uniformidad de pensamiento que se le ha querido imponer”; y matiza que “no se ha colocado en un terreno político ni de confrontación”.
Lo cierto es los militantes de Civitas, organización próxima a los lefebvrianos, tuvieron su propia manifestación en otra parte de París. Los tres cortejos de la “manif por tous”, con participantes que repetían una vez más en su acción de protesta, acabaron juntos en los Invalides después del mediodía y, según informa La Croix, “los movimientos de extrema derecha eran invisibles”. Como declaraba uno de los portavoces, Tugdual Derville, los ultras no mancharán una acción que no obedece a ninguno de los “códigos habituales de los movimientos sociales”: “no defendemos intereses de una categoría, sino a los seres humanos más frágiles. Justamente porque la ley ha sido promulgada, vamos a convertirnos en centinelas de la injusticia”.
En realidad, y a diferencia de las recordadas manifestaciones de 1984 por la libertad de enseñanza frente a Mitterrand, no existe ahora ningún interés particular o inmediato: los participantes defienden una visión de la persona humana en tiempos de crisis de civilización. La incógnita es cómo se articulará esa protesta social en un futuro inmediato. De momento, ha servido para mostrar cómo inciden sobre la familia los debates políticos, sociales y religiosos.
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