jueves, 30 de enero de 2014

El valor de la fidelidad matrimonial

D. Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía en la Universidad Complutense (Madrid) y miembro de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas, ha resaltado en varias de sus obras el carácter creativo de la fidelidad. Queremos rogarle que clarifique un poco la idea de fidelidad, que juega un papel decisivo en nuestra vida de interrelación.
-¿Es la fidelidad actualmente un valor en crisis? ¿A qué se debe el declive actual de la actitud fiel?       
-A juzgar por el número de separaciones matrimoniales que se producen, la fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos y         
Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situación determinada. Para una persona fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal de la unidad en virtud del cual decidió casarse con una persona. Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente condición de "talismán": parece albergar tal riqueza que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.       
Si uno adopta una actitud hedonista y vive para acumular sensaciones placenteras, debe cambiar incesantemente para mantener cierto nivel de excitación, ya que la sensibilidad se embota gradualmente.        
Esta actitud lleva a confundir el amor personal -que pide de por sí estabilidad y firmeza- con la mera pasión, que presenta una condición efímera.       
De ahí el temor a comprometerse de por vida, pues tal compromiso impide el cambio. Se olvida que, al hablar de un matrimonio indisoluble, se alude ante todo a la calidad de la unión. El matrimonio que es auténtico perdura por su interna calidad y valor. La fidelidad es nutrida por el amor a lo valioso, a la riqueza interna de la unidad conyugal. Obligarse a dicho valor significa renunciar en parte a la libertad de maniobra -libertad de decisión arbitraria- a fin de promover la auténtica libertad humana, que es la libertad para ser creativo. La psicóloga norteamericana Maggie Gallagher indica, en su libro Enemies of Eros, que millones de jóvenes compatriotas rehuyen casarse por pensar que no hay garantía alguna de que el amor perdure. Dentro de los reducidos límites de seguridad que admite la vida humana, podemos decir que el amor tiene altas probabilidades de perdurar si presenta la debida calidad. El buen paño perdura. El amor que no se reduce a mera pasión o mera apetencia, antes implica la fundación constante de un auténtico estado de encuentro, supera, en buena medida, los riesgos de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.
-Si la fidelidad se halla por encima del afán hedonista de acumular gratificaciones, ¿qué secreto impulso nos lleva a ser fieles?       
-La fidelidad, bien entendida, brota del amor a lo valioso, lo que se hace valer por su interna riqueza y se nos aparece como fiable, como algo en lo que tenemos fe y a lo que nos podemos confiar. Recordemos que las palabras fiable, fe, confiar en alguien, confiarse a alguien... están emparentadas entre sí, por derivarse de una misma raíz latina: fid. El que descubre el elevado valor del amor conyugal, visto en toda su riqueza, cobra confianza en él, adivina que puede apostar fuerte por él, poner la vida a esa carta y prometer a otra persona crear una vida de hogar. Prometer llevar a cabo este tipo de actividad es una acción tan excelsa que parece en principio insensata. Prometo hoy para cumplir en días y años sucesivos, incluso cuando mis sentimientos sean distintos de los que hoy me inspiran tal promesa. Prometer crear un hogar en todas las circunstancias, favorables o adversas, implica elevación de espíritu, capacidad de asumir las riendas de la propia vida y estar dispuestos a regirla no por sentimientos cambiantes sino por el valor de la unidad, que consideramos supremo en nuestra vida y ejerce para nosotros la función de ideal.        
 -Según lo dicho, no parece tener sentido confundir la fidelidad con la intransigencia...       
-Ciertamente. El que es fiel a una promesa no debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir, perseverante en la vinculación a lo valioso, lo que nos ofrece posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes. Ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea auténtico merced a su valor interno.        
Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la admiración ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracción interesada no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del sentimiento. Será esclavo de los apetitos que lo acucian en cada momento. No tendrá la libertad interior necesaria para ser auténticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa de crear en todo instante una relación estable de encuentro.        
Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza. Recordemos la indefinible belleza de la historia bíblica de Ruth, la moabita, que dice estas bellísimas palabras a Noemí, la madre de su marido difunto: "No insistas en que te deje y me vuelva. A dónde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios; donde tú mueras, allí moriré y allí me enterrarán. Sólo la muerte podrá separarnos, y, si no, que el Señor me castigue".        
-En Iberoamérica y en España parece concederse todavía bastante importancia a la fidelidad conyugal. ¿Cómo se conjuga esto con la crisis del valor de la fidelidad?       
-En estos países todavía se conserva en alguna medida la concepción del matrimonio como un tipo de unidad valiosa que debe crearse incesantemente entre los cónyuges. De ahí el sentimiento de frustración que produce la deslealtad de uno de ellos. Esto no impide que muchas personas se dejen arrastrar por el prestigio del término cambio, utilizado profusamente de forma manipuladora en el momento actual.-¿Puede decirse que lo que está en crisis actualmente son las instituciones a las que se debiera tener fidelidad?        -Exige menos esfuerzo entender el matrimonio como una forma de unión que podemos disolver en un momento determinado que como un modo de unidad que merece un respeto incondicional por parte de los mismos que han contribuido a crearla. Este tipo de realidades pertenecen a un nivel de realidad muy superior al de los objetos. Hoy día vivimos en una sociedad utilitarista, afanosa de dominar y poseer, y tendemos a pensar que podemos disponer arbitrariamente de todos los seres que tratamos, como si fueran meros objetos. Esta actitud nos impide dar a los distintos aspectos de nuestra vida el valor que les corresponde. Nos hallamos ante un proceso de empobrecimiento alarmante de nuestra existencia.       
Por eso urge realizar una labor de análisis serio de los modos de realidad que, debido a su alto rango, no deben ser objeto de posesión y dominio sino de participación, que es una actividad creadora. Participar en el reparto de una tarta podemos hacerlo con una actitud pasiva. Estamos en el nivel 1 de conducta. Participar en la interpretación de una obra musical compromete nuestra capacidad creativa. Este compromiso activo se da en el nivel 2. Para ser fieles a una persona o a una institución, debemos participar activamente en su vida, crear con ella una relación fecunda de encuentro -nivel 2-. Esta participación nos permite descubrir su riqueza interior y comprender, así, que nuestra vida se enriquece cuando nos encontramos con tales realidades y se empobrece cuando queremos dominarlas y servirnos de ellas, rebajándolas a condición de medios para un fin.       
-Al analizar la cuestión de la fidelidad, volvemos a advertir que la corrupción de la sociedad suele comenzar por la corrupción de la mente...       
-Sin duda. Es muy conveniente leer la Historia entre líneas y descubrir que el deseo de dominar a los pueblos suele llevar a no pocos dirigentes sociales a adueñarse de las mentes a través de los recursos tácticos de la manipulación. Si queremos ser libres y vivir con la debida dignidad, debemos clarificar a fondo los conceptos, aprender a pensar con rigor, conocer de cerca los valores y descubrir cuál de ellos ocupa el lugar supremo y constituye el ideal auténtico de nuestra vida.
María Ángeles Almacellas, 
Doctora en Filosofía. Universidad Complutense, Madrid.
Fuente: www.Catholic.net

domingo, 26 de enero de 2014

Escuela para Padres: Cómo mantener el equilibrio entre la autoridad y la paz familiar

Los padres para mantener la armonía y paz familiar, deben conservar la autoridad sobre los hijos, pues tienen muchas obligaciones que cumplir, para lograr su buena educación. Esta autoridad también conlleva la gran responsabilidad de realizar sus obligaciones inherentes, entre ellas, mantener los derechos indiscutibles que tienen los hijos. Sin olvidar que la autoridad, las obligaciones y la responsabilidad, van cambiando a medida que los hijos se van haciendo mayores en edad física y mental.
Tiene que haber un equilibrio en las reglas de juego familiar, entre lo que se quiere, lo que se exige, lo que se tiene derecho y lo que se da a cambio. Cada vez los hijos quieren exigir mayores derechos y obtener mayores libertades, aunque muchas veces esas apetencias, sean a cambio de nada, y eso no puede ser.
Todos los hijos pueden dar algo a cambio de lo que piden, cada uno en la medida de sus posibilidades, pero “manitas que no dais, que esperáis”. Cuando los hijos empiezan a entender, que todo derecho conlleva una obligación, es cuando empieza a haber una buena armonía. Cuando solamente exigen “Que me den, que me den” entonces desaparece la concordia y por lo tanto la paz familiar.
La paz familiar no es la ausencia de la guerra. La paz familiar se consigue con negociaciones y consensos, incluso en las cosas más difíciles. Los fundamentos básicos que conforman la familia, no deben ser suprimidos ni olvidados, bajo ningún concepto, pues esos principios básicos, son los que la mantienen fuerte, unida y protectora, para todos los miembros presentes y futuros.
A medida que los hijos van siendo mayores, se va imponiendo la negociación, para llegar a consensos donde ambas partes se sientan cómodos. En una familia no debe permanecer el concepto de divisiones, clanes o equipos diferentes, pues todos tienen que remar en la misma dirección, aunque algunos tengan que alcanzar objetivos distintos y sostengan diferentes formas de hacerlo.
En la familia las negociaciones, acuerdos y consensos, tienen que estar basados en una buena educación, que abarque todos los campos. Es muy difícil, por no decir imposible, negociar algo, si no hay unas previas bases educativas bien asentadas, donde el ejemplo y la práctica de las virtudes y valores humanos, estén introducidos desde pequeños.
Hay obligaciones de los padres, que no son negociables, pero pueden irse adaptando a las circunstancias de la familia, la sociedad y a la madurez de los hijos. Esas adaptaciones también están relacionadas, con la cota de libertad que los hijos quieran o necesiten ir obteniendo.
Es difícil, pero no imposible, armonizar o equilibrar la autoridad de los padres con el bienestar, la paz y la alegría familiar. Para ello hay que tener unas reglas claras y concretas, sobre lo que es negociable y lo que no negociable, en las relaciones familiares.
Los 8 principales derechos y obligaciones no negociables, de los padres:
1. Los padres tienen el derecho a elegir libremente, el sistema de educación que quieran para sus hijos.
2. Los padres tienen el derecho a la libre expresión de su religión, a practicarla y a enseñarla, privada y públicamente.
3. Los padres tienen el derecho a reconocer y a que les reconozcan, que la familia se funda en el compromiso entre un hombre y una mujer, que hacen donación de sí mismos y se comprometen a la procreación y cuidado de los hijos.
4. Los padres tienen la indiscutible, innegable e intransferible obligación, de educar y mantener bien a sus hijos.
5. Los padres tienen la obligación de dar ejemplo, para educar a sus hijos en la práctica de las virtudes y valores humanos.
6. Los padres tienen la obligación de poner reglas de comportamiento y de vida a sus hijos, para formarles el carácter y que estén preparados para afrontar su futuro con equilibrio, entre libertad y disciplina.
7. Los padres tienen la obligación de promover el bien común, en todas sus formas.
8. Los padres tienen la obligación de reconocer y el derecho a que les reconozcan, que la vida humana es sagrada e inviolable desde su concepción, hasta su muerte natural.
Los 10 consejos más importantes para mantener el equilibrio, entre la autoridad y la paz familiar
1. Aceptar la autoridad de los padres, que por su experiencia y amor, sabrán educar a sus hijos, aunque algunas veces les duela a ambos.
2. Callar, si lo que se va a decir no sirve para mantener la paz y solamente sirve para aumentar la discordia, teniendo mucho cuidado al hacerlo, pues algunas veces, el que calla otorga o consiente.
3. Comprometerse toda la familia a hablar sin gritar y educadamente, cuando se presente una discusión o un problema.
4. Escribir muy claramente, cuáles son las principales virtudes y valores humanos, que deben conformar esa familia y cumplirlos y hacerlos cumplir por todos.
5. Fomentar con el ejemplo la firmeza y la amabilidad, proponiendo reglas íntegras, claras, concretas y respetuosas con cada edad, características y situaciones, para que triunfe la justicia, la libertad y la caridad.
6. Impulsar a que todos los familiares y amigos, sean queridos y respetados, para que ello repercuta como ejemplo en la sociedad.
7. Mantener siempre una comunicación abierta, de forma que pueda fluir el dialogo entre todos y sobre todos los temas, pues cada uno de los miembros de la familia, es igual de importante ante los demás.
8. Permitir que todos puedan expresar su opinión, para que sea escuchada con atención, antes de ser juzgada.
9. Promover el que todos hablen bien de todos, evitando las murmuraciones, los falsos testimonios, las mentiras y las medias verdades.
10. Respetar a cada uno de la familia y hacerse respetar por ellos, fomentando las demostraciones de cariño y tolerancia, evitando las situaciones de violencia, venganza, odio y rencor.
La familia es el principal lugar donde los hijos, a través del ejemplo de sus padres, aprenden a vivir y a desarrollar las virtudes y valores humanos, dentro de una correlación y equilibrio de autoridad y paz, de disciplina y obediencia, de derechos y deberes, incluso a costa de los sacrificios, que sean necesarios hacer entre todos sus componentes.
Los hijos con sus propios actos, tienen que ser garantes de gestionar su propia libertad, entre el aparente dilema, de cumplir con las normas y obligaciones educativas establecidas por la autoridad de los padres, para el bienestar familiar y sus propios y justificados deseos, de crecimiento personal, físico, mental y social.
Para mantener el equilibrio entre la autoridad y la paz familiar, no debe haber imposiciones educativas arbitrarias, sino las que estén soportadas con la verdad, el bien y la necesidad. La autoridad no debe confundirse con la imposición y la obediencia, a cualquier precio, ya que tiene que estar soportada además, por el conocimiento y la disposición a ayudar.
La autoridad de los padres, siempre que sea coherente con la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, debe ser mantenida y ejercitada constantemente, sin altas ni bajas, dentro de las características físicas y mentales de cada hijo en particular. Así aprenderán responsablemente, a distinguir lo que está bien y lo que está mal, incluyendo los motivos que les inducen a obrar de una forma u otra y a descubrir la alegría, que es mejor dar, que recibir.
El equilibrio entre autoridad y paz familiar, aunque suponga un esfuerzo por parte de todos, genera credibilidad en los hijos, dentro del tan necesario contexto de amor, alegría, confianza y seguridad doméstica, originando un clima sano de mutua preocupación y de búsqueda de soluciones a los problemas.
Los padres al ejercer la autoridad, están dando a sus hijos los instrumentos que necesitan, para crecer como personas. La principal herramienta es mostrarles el ejemplo de su propia vida, pues los hijos se fijan en todo lo que hacen los padres y tienden a imitarles.
Los padres deben saber que cuando hay una crisis o un problema importante en la familia, en vez de intentar solucionarlo con gritos, deben darse cuenta, que estas situaciones son oportunidades para sacar a relucir lo mejor que cada uno tiene, dentro de su carácter, tanto para modelarlo a las circunstancias, como para solucionar la crisis. Escucharse mutuamente con respeto y atención, es la mejor arma para resolver el presente y el futuro, de la convivencia familia.
Para mantener el equilibrio entre la autoridad y la paz familiar, la mayoría de las veces, hay que negociar y tener en cuenta los diferentes puntos de vista de alguno o de todos, los componentes de la familia, intentando combinar todas las características, situaciones internas, externas, circunstancias, etc. para que a poder ser, tengan cabida las opiniones de todos.
Mantener ese equilibrio es todo un arte. que comienza con comentar y dialogar, sigue polemizar, alegar y rebatir siempre educadamente. Pero el principal soporte debe ser la tolerancia, el orden, la paciencia y la convivencia entre todos los miembros de la familia. para así poder conseguir una buena negociación, donde no haya vencedores ni vencidos, donde todos ganen y pierdan algo, para que haya paz y no haya imposición. ni desequilibrio familiar.
12 Conceptos para mantener el equilibrio entre la autoridad y la paz familiar
1. El equilibrio familiar se facilita, cuando para llegar a acuerdos, se elige el momento, el sitio, las circunstancias y la presencia de uno a uno de la familia o todos en grupo.
2. El equilibrio familiar llega cuando todos quieren la paz y no la guerra, e intentan ponerse cada uno, en la situación del otro.
3. El equilibrio familiar no puede ser a cualquier precio. Por el bien de todos, hay cosas no negociables.
4. El equilibrio familiar se alcanza cuando en las negociaciones, escuchando a todos, se intenta llegar a acuerdos razonables, sin imposiciones y centrándose en el tema principal.
5. El equilibrio familiar se consigue, cuando todos escuchan a todos, hablando cada uno a su debido tiempo, sin interrupciones, ni gritos.
6. El equilibrio familiar se debe conseguir sin perder, ni la autoridad, ni el prestigio de los padres, ni la libertad, ni los derechos y obligaciones de los hijos.
7. El equilibrio familiar se gana con respeto, hacia los demás y a sus circunstancias, controlando los modales, las palabras y el tono de voz, pero siempre con firmeza, en las decisiones beneficiosas para todos, no para algunos solamente.
8. El equilibrio familiar se logra sin riñas, sermones ni reprimendas, utilizando la convicción de lo que se dice y cómo se dice, para que la familia pueda escuchar, sin tener que estar a la defensiva continuamente.
9. El equilibrio familiar se mantiene, tomando la iniciativa ante los problemas que se intuyen, avecinan o acaban de llegar, sin esperar a que hagan crisis y la solución sea más difícil o ya imposible.
10. El equilibrio familiar se obtiene, cuando no se pierde el control de la situación, frente a los otros familiares.
11. El equilibrio familiar se produce, cuando lo negociado y acordado, se cumple por todos.
12. El equilibrio familiar se puede conseguir, cuando ante la falta de acuerdos en cosas importantes y difíciles de decidir, se considera conveniente pedir la intervención de algún experto: Pariente juicioso, profesional de la materia, médico, maestro, sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen.
La confianza y la autoridad, son las bases del buen equilibrio, que favorece la paz familiar. Para que exista, los padres tienen que hacer ver a los hijos, los errores que han cometido o los que pueden cometer, si siguen con la actitud que tienen. Así se evitarán las consecuencias, problemas, castigos y enfados inherentes a los errores.
No es fácil mantener este equilibrio, entre autoridad y paz, ni son fáciles las preguntas, ni las respuestas que se plantearán. Tampoco es fácil recibir y aceptar contestaciones negativas, ni insistir en explicar cómo deberían ser las cosas en la familia. Pero los padres no pueden ignorar estas realidades. Tienen que luchar contra todas las presiones, internas y externas. Hacer como la mayoría de los peces, nadar y nadar, luchar y luchar. Cuando los padres dejan de luchar, por la educación de la familia y pierden el equilibrio, entre autoridad y paz, se pierde la unión familiar.
TOMADO DE: http://www.aciprensa.com/Familia/autoridadpaz.htm

miércoles, 22 de enero de 2014

DEL COLEGIO A LA UNIVERSIDAD

El paso de la vida escolar a la universitaria, puede resultar sencilla para algunos jóvenes, pero compleja para otros. Por esto, los conocedores en el tema, recomiendan una serie de pautas que facilitan esta transición.
Deserciones en los primeros años
Varios estudios a nivel de Latinoamérica han observado que un número elevado de alumnos, desertan en los primeros semestres de universidad seguido de fracasos tempranos, pues no logran adecuarse a las exigencias que supone la educación superior; lo que se ha convertido en un tema de especial atención en la población educativa.
En cuanto a qué se debe este fenómeno, las investigaciones sugieren que obedece a un problema tanto de los estudiantes, como de las instituciones de educación básica y superior, pues ambas están llamadas a realizar un trabajo articulado para lograr una mejor adaptación de los jóvenes.
Referente a los estudiantes, se revelan una serie de fallas que los conducen a los senderos del fracaso, como son: la pobreza de métodos de estudio, la dificultad en la comprensión lectora, la ausencia de conocimientos básicos, la insuficiente orientación en la elección profesional y la falta de habilidades personales como autodisciplina, persistencia, concentración, por nombrar sólo algunas.
Adicional a los factores mencionados, se suma la soledad e incapacidad de los jóvenes pupilos para establecer relaciones sociales con sus pares, quienes se toparán con personas provenientes de diversos mundos y deberán aprender a trabajar con ellas.
Cambio de vida
Ahora bien, hay que considerar que los jóvenes pasan de un ambiente a otro completamente desigual. A diferencia de la universidad, la vida escolar se caracteriza por ser un espacio comunitario y por su trato personalizado en el proceso educativo de cada alumno. De cierta forma, en la escuela secundaria, el estudiante tiende a ser dependiente de la institución y del profesorado, con quien se llega a desarrollar una estrecha relación.
Por ello, el cambio drástico cuando ingresan a la universidad, donde encuentran un mayor grado de exigencia, algo de individualismo, competitividad y se hallan frente a una realidad que los obliga a ser los protagonistas de su propia formación, en la que deben ser autónomos, así como regular su tiempo y esfuerzo para lograr el éxito, y aunque el profesorado hace su debido acompañamiento, el grado de involucramiento es mucho menor que en el colegio.
De ahí que algunos jóvenes, les cueste más de lo normal, acoplarse a las nuevas circunstancias.
El papel de los padres
Aunque a esta edad el joven ya debe tener todo un paquete de valores y competencias incorporadas, el papel de los padres aún continúa.
La familia está llamada a respaldar a los hijos en sus buenas decisiones, darles apoyo y orientación durante este período de transición. También es importante que los padres les brinden oportunidades a los hijos para ejercer su autonomía y toma de decisiones, como dejarles hacer encargos que involucren cierto grado de responsabilidad y en caso que se presenten trabas, serán ellos mismos quienes encuentren la solución.
También hay que identificar cómo y cuándo intervenir en la vida universitaria de los hijos, habrá que ser sutiles pero a la vez cariñosos y comprensivos, así los chicos se sentirán acogidos y probablemente acudirán a los padres en caso de presentarse inconvenientes.
Pautas que facilitan la transición
En gran medida, este problema tiene sus orígenes en la falta de preparación de los alumnos en la etapa pre-universitaria. Qué se debe tener en cuenta para lograr dicha adaptación, son los consejos a continuación:
  • Conviene incorporar la pedagogía universitaria (auto aprendizaje) en los últimos años del bachillerato. De igual manera, fomentar las habilidades necesarias para llevar a cabo trabajos de investigación, tutorías y exposiciones orales, que tanto entorpecen el avance de los estudiantes.
  • Meses previos al ingreso a la universidad, se recomienda que el joven se vaya familiarizando con el ambiente que le espera. Así que los programas pre-universitarios como semilleros o cursos preparatorios, deben ser acogidos por los jóvenes.
  • De igual forma, los padres también pueden desarrollar un plan de acción en casa, el cual brinde las herramientas necesarias para que el joven llegue totalmente dotado al exigente mundo universitario.
  • La orientación profesional debe hacerse tal vez con más énfasis. La elección de la carrera de acuerdo a los gustos y capacidades del alumno, determinarán en parte, el éxito en su vida profesional.
  • Despertar la motivación de los alumnos, en cuanto al logro de objetivos por esfuerzo y dedicación.
Fuentes: educared.org, lanacion.com.ar, eluniversal.com.mx

martes, 14 de enero de 2014

Familia y educación sexual

Autor: Fernando Pascual 

La familia está llamada a educar a sus hijos en el tema de la dimensión sexual, con todas sus bellezas y su apertura al amor y a la vida
 
La familia, como célula de la sociedad, está llamada a educar a sus hijos en las virtudes más importantes. También en el tema de la dimensión sexual, con todas sus bellezas y su apertura al amor y a la vida.

Muchas familias, sin embargo, viven en un clima de crisis. Si los esposos no se aman, si el divorcio o las infidelidades han herido la vida matrimonial, si la llegada de los hijos es vista más como una carga que como una bendición... entonces la educación sexual en familia queda expuesta a muchos errores, sea por falta de testimonio, sea porque los mismos padres no se sienten capaces de impartirla de modo adecuado, sea porque enseñan precisamente lo que no deberían enseñar.

Además, en no pocos países las escuelas ofrecen programas de “educación sexual” que se limitan muchas veces a dar algunas informaciones de tipo médico, fisiológico o cultural, pero que carecen de un verdadero horizonte ético y de un proyecto formativo serio. En ocasiones, esos programas no hablan casi de la relación entre sexualidad y matrimonio, entre sexualidad y transmisión de la vida, si es que no llegan a presentar el embarazo como un “terrible” enemigo que hay que evitar a cualquier precio.

No faltan programas de “educación sexual” que presentan distintas “posibilidades” en el uso de la dimensión genital del sexo como si todas fuesen iguales desde un punto de vista ético. Incluso algunos usos de lo sexual que son abiertamente desviados y abusos aparecen expuestos como si se tratase de algo “normal”, como si fuesen opciones entre otras muchas que pueden escogerse “a placer”. Esto provoca el que muchos alumnos no sean capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, si es que no pocas veces desarrollan una imaginación precoz que les lleva a iniciarse en experiencias sexuales desviadas que les marcarán para toda la vida.

Enseñar lo que es el sexo sin pensar en el matrimonio, la familia, la transmisión de la vida es algo parecido a enseñar a comer sin pensar en la salud. Porque aprender cómo se escogen los alimentos simplemente según el criterio del gusto personal lleva a serios problemas en la vida de las personas y de sus familias. De modo parecido, aprender a “usar” la sexualidad sólo en su dimensión “lúdica” o placentera sin un horizonte de amor responsable como el que debería darse en la vida de un buen matrimonio lleva al aumento de divorcios, al uso de anticonceptivos, a la esterilización, al aborto, al aumento de enfermedades de transmisión sexual, a la infidelidad, a la prostitución, y un largo etcétera de daños en la vida personal y en la sociedad entera.

Los cristianos estamos llamados, por don de Dios, a vivir la belleza de la vida sexual y a descubrir su relación con el amor y, en quienes están llamados a ello, con el sacramento del matrimonio. Además, la familia es el lugar natural para ofrecer una correcta educación sexual, sin que ello excluya la colaboración con la escuela. Pero tal colaboración debe establecerse de acuerdo con sanos principios educativos escogidos por los padres, no contra los mismos.

¿Cuáles son esos “sanos principios”? Existe un documento sumamente valioso, que fue publicado por el Vaticano en 1995, que ofrece las guías básicas para una correcta educación sexual. El documento, preparado por el Pontificio consejo para la familia, se titula “Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia”. Recordamos sólo algunas indicaciones de un texto que merece ser leído y estudiado con mucha atención.

Hay que partir de un dato central para la comprensión del hombre y del matrimonio: el amor es un don de Dios. “El amor, que se alimenta y se expresa en el encuentro del hombre y de la mujer, es don de Dios; es por esto fuerza positiva, orientada a su madurez en cuanto personas; es a la vez una preciosa reserva para el don de sí que todos, hombres y mujeres, están llamados a cumplir para su propia realización y felicidad, según un proyecto de vida que representa la vocación de cada uno. El hombre, en efecto, es llamado al amor como espíritu encarnado, es decir, alma y cuerpo en la unidad de la persona. El amor humano abraza también el cuerpo y el cuerpo expresa igualmente el amor espiritual” (n. 3).

El documento coloca, en este contexto, el modo adecuado de entender la sexualidad: “La sexualidad no es algo puramente biológico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte” (n. 3).

Existen, no lo olvida el documento, serios peligros que dañan el amor, que desvirtúan el modo de vivir la propia sexualidad. “Este amor está expuesto, sin embargo, como toda la vida de la persona, a la fragilidad debida al pecado original y sufre, en muchos contextos socio-culturales, condicionamientos negativos y a veces desviados y traumáticos. Sin embargo, la redención del Señor ha hecho de la práctica positiva de la castidad una realidad posible y un motivo de alegría, tanto para quienes tienen la vocación al matrimonio —sea antes y durante la preparación, como después, a través del arco de la vida conyugal—, como para aquellos que reciben el don de una llamada especial a la vida consagrada” (n. 3).

El horizonte de la castidad, entendida como una “energía espiritual que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe promoverlo hacia su realización plena” (como había dicho Juan Pablo II en “Familiaris consortio” n. 33) permite lograr la integración de la persona, en su compleja unidad entre lo espiritual y lo corpóreo. Ello es posible sólo a través del recurso a otras virtudes que los padres deben formar en sus hijos: “la templanza, la fortaleza, la prudencia (...) la capacidad de renuncia, de sacrificio y de espera” (n. 5).

Otro aspecto importante en la comprensión de la sexualidad humana es la relación que existe entre amor conyugal y apertura a la vida. El acto conyugal implica la colaboración de los padres con la acción misma de Dios, con el dar la vida. Esto lleva consigo una gran responsabilidad, pues los padres son “los primeros y principales educadores de sus hijos” (n. 5).

Después de ofrecer otras reflexiones sumamente ricas, el documento “Sexualidad humana” subraya una y otra vez que la familia tiene un deber primario en la educación sexual que reciben sus hijos. Los padres no pueden delegar un tema tan importante a la escuela, sobre todo cuando hay países y grupos ideológicos que promueven programas de “deseducación” (incluso de “perversión”) sexual, como ya dijimos.

El documento es, en este punto, sumamente claro, al recoger y comentar un texto de Juan Pablo II sobre el tema:

“Se recomienda a los padres ser conscientes de su propio papel educativo y de defender y ejercitar este derecho-deber primario. De aquí se sigue que toda intervención educativa, relativa a la educación en el amor, por parte de personas extrañas a la familia, ha de estar subordinada a la aceptación por los padres y se ha de configurar no como una sustitución, sino como un apoyo a su actuación: en efecto, «la educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos»” (n. 113).

Indicaciones muy concretas sobre la educación sexual en familia y en la escuela están contenidas en los números 114-142 de “sexualidad humana”. Vale la pena dedicar un tiempo a leerlas con calma. Sobre todo, vale la pena vivirlas en familia y, cuando sea posible, a través de una correcta colaboración con la escuela.

Los hijos merecen una educación profunda, seria y llena de buenos principios en un tema tan delicado como es el de la sexualidad humana. Gracias a la condición sexual que configura a cada hombre y a cada mujer es posible comprender, por medio de una buena educación en familia, lo que son el amor matrimonial y el inicio de la vida. De modo especial, es posible ver la enorme responsabilidad y el maravilloso designio de Dios sobre la sexualidad; sobre todo, si recordamos que desde ella cada uno de nosotros nacimos, fuimos amados y acogidos en el mundo de los vivientes: porque Dios nos amaba y porque unos padres dijeron sí al amor maduro y generoso.

lunes, 13 de enero de 2014

Cuánto debe ayudar un hijo en casa


tomado de: http://serpadres.taconeras.net/tag/ninos-ayudando-en-casa/
Todavía hay algunos haciendo tareas, los zapatos siguen completamente empolvados, falta meter el pollo al horno y el papá viene llegando con cara de haber tenido un día fatal. iQué maravilloso sería -piensa para adentro la mamá- que mis hijos me cooperaran un poquito más. Ya están bastante grandes!

Lo suficiente como para no sentirse víctima y lo justo para no crecer como un perfecto inútil.
Son las 8 de la noche. Aunque mejor sería hablar de la hora crítica.
Pero, ¿será sólo un "poquito" lo que debiera esperar una mamá con hijos adolescentes, o lo justo sería que pusieran el hombro todos los días?
Antes de hablar sobre la ayuda que podríamos pedir a los hijos, hay que referirse al tema de "no dar más trabajo" del que ya existe en la casa, lo que, por cierto, no es nada fácil de conseguir: que no entren con los pies embarrados, que no dejen la cocina inmunda cada vez que la usan. Es decir, mucho antes de pedir ayuda a los hijos en la casa, hay que haberles inculcado el no dar más trabajo, y es entre los 7 y los 11 años, principalmente, cuando los niños adquieren determinados hábitos de sana convivencia familiar:
- La ropa sucia no se tira al suelo, sino que se deja en el lugar indicado.
- Los desperdicios se tiran al basurero, no en cualquier parte.
- Las toallas se dejan colgadas en la percha, no tiradas en el suelo.
- Las puertas no se abren ni cierran a patadas, porque se ensucian y rompen.
- Al llegar del colegio las mochilas y el uniforme se dejan ordenados, no esparcidos por la escalera.
Estos son signos de buena crianza. O detalles, dirán otros, pero que cuando los padres no los han cultivado y exigido con perseverancia, generan, después, otro tipo de problemas en la adolescencia. Los hijos no valoran el trabajo ajeno, ni lo que significa vivir en un hogar ordenado, y sus consecuencias en el uso y aprovechamiento de los recursos disponibles. Tampoco se considerarán parte de un equipo, donde lo que hagan o dejen de hacer afecta a los demás.
Por lo tanto, cuando los niños han sido desde chicos educados para poner en práctica estos hábitos, el trabajo diario de la casa se ve bastante aliviado. Recién ahí podemos pensar en pedir ciertas colaboraciones a nuestros hijos. Estas "ayudas" se pueden dividir en tres grupos:
- Las que se refieren a sí mismo: mantener su pieza, escritorio y closet ordenados, preparar su ropa para el día siguiente, hacer la cama los fines de semana.
- Las que tienen que ver con la convivencia y que implican una rápida disposición de ayuda: contestar el teléfono en vez de dejarlo sonar hasta que el del otro lado se aburra, recoger lo que está tirado, estirar la alfombra para así evitar que el siguiente aterrice en el suelo.
- Las que se relacionan con el bienestar de los demás: comprar el pan, lavar…
Nadie más beneficiado que el hijo
Que un hijo se haga cargo de sus propias cosas debiera ser una obligación permanente, porque aunque en apariencia esta ayuda es un alivio para la mamá y la empleada, el más beneficiado es él mismo. Mucho mejor para él saber dónde guardó la chamarra negra o dónde escondió la primera carta de la amiguita, que pasar horas de horas buscando.
Puede que suene duro decirlo y más que los padres lo oigan, pero si un hijo entre los 12 y 16 años no es capaz, al menos, de preocuparse por sus cosas, nadie más que los padres son los responsables. ¿Por qué? Porque lo sobreprotegen y lo tratan como un niño chico cuando ya no lo es o porque no se han dado el minuto para reconocer sus capacidades. Un caso: el papá que le pide a su hijo de 12 que le enchufe el taladro, ante lo que el hijo, atónito, le contesta: "iGenial, si hasta hoy no tenía permiso para tocar los enchufes!" O porque los hacen sentir el "síndrome de la abundancia inagotable": esa mamá que cuando su hija de 15 años se fue de viaje de estudios le pidió que, por favor, no volviera con toda la ropa interior sucia. Fácil, pensó la hija, y la botó a la basura.
Formar parte de un equipo
Será mucho más fácil conseguir cualquier tipo de ayuda, en la medida que hagamos ver a nuestros hijos que la casa no es ninguna pensión donde se come y se duerme, sino que un hogar. Y, por lo tanto, los padres y los hijos deben entender que todas estas "ayudas" no son, simplemente, para que la casa "funcione", sino para que exista más armonía.
Día a día, surgen un sinfín de situaciones que requieren de la ayuda de todos: el teléfono que suena, las luces encendidas, no hay papel en el baño, etc. Por eso es importante dejar en claro que la familia es un equipo y que por ello es fundamental que el que usa el baño debe dejarlo impecable para el siguiente.
Este tipo de ayudas, más que exigibles, son inculcables, lo que requiere de perseverancia y, por supuesto, de ejemplo.
¿Me reemplazarías?
Por último, están las ayudas relacionadas con el bienestar de los demás y que constituyen el sueño de algunos papás: que sus hijos los reemplacen en tareas que les corresponden a ellos: las compras de la casa o estudiar con los hermanos más chicos.
A todas las familias les llega el momento de recurrir a estos encargos, ya sea porque la mamá trabaja en una oficina, porque no hay una empleada, es de puertas afuera o, simplemente, porque es una familia numerosa. Pero aquí los padres deben tener presente que es sólo una ayuda y que en ningún caso los libera de ser los responsables de que en la despensa no quede una lata de atún o de que a la Teresita le haya ido mal en la prueba de matemáticas.
Hay que tener cuidado en este sentido, para no caer en la tentación de pedir a los adolescentes encargos familiares para los que todavía no están maduros. Aquí la sabiduría de los padres a la hora de proponer ayudas es fundamental. Deben ser específicos y pedirlas por un tiempo limitado; sirve, además ir rotando lo pedido entre hermanos de edades parecidas. La idea es que el encargo no parezca un castigo. Ejemplos: pagar algunas cuentas de la casa, cocinar cuando no está la empleada o ir a buscar al hermano al colegio.
Tampoco hay que olvidar que pedir alguna ayuda no significa interrumpir -a menos que sea imprescindible- sus obligaciones, como tareas, horas de estudio, compromisos en el colegio, ni tampoco interponerse en sus panoramas. Lo lógico -y más sensato- es que si el sábado está invitado a un asado, vaya y no se quede lavando platos.
En la práctica
Los encargos deben plantearse como una cooperación y no como una tarea obligada. Por eso la importancia de hacer ver a los hijos que éstos se hacen por amor a la familia y al hogar.
- Es bueno recurrir a los hijos, aunque exista ayuda doméstica. A la larga, cualquier trabajo que ejerzan en la casa, es cuna de buenos hábitos.
- Los encargos deben asignarse independientemente del sexo de quien lo recibe. La vida tiene muchas vueltas y es muy útil que un hombre sepa hacer aseo y una mujer pueda arreglar un enchufe. Hay que dar la posibilidad de aprender a hacer de todo en la casa.
- Entre los 12 y los 16 años es la etapa de los estirones. Están más grandes, pero también más desarticulados. Tal vez no sea conveniente pedirles que sean los encargados de lavar los platos, a menos que la loza sea francamente barata.
- un "no" rotundo al pago por favor concedido. De vez en cuando no les vendrá mal una pequeña recompensa económica, pero de ahí a establecerlo como una política casera sería fatal. Jamás harán nada ni por cariño al hogar ni hacia los demás.
- No, también, a la incongruencia de los padres. Mala señal será para los hijos si ven a sus papás tratándolos a ratos como niños, a ratos como adultos. Si los mandan solos a hacer algún trámite del papá, bien podrán irse solos a la casa del amigo (obviamente, si la distancia y la hora no implican un riesgo).
"¿Por qué a mí no me resulta pedir ayuda?"
- Porque usted va detrás corrigiendo y haciéndolo todo de nuevo. Hay que tolerar la cama arrugada, los cubiertos puestos al revés, los platos mal enjuagados… Nadie hace las cosas bien a la primera. Su hijo se sentirá importante si usted lo considera y cree en él y en sus capacidades.
- Porque no sabe pedir la ayuda adecuada. Primero observe y vea cuáles son las habilidades naturales de cada hijo. No le pida al más brusco que le guarde los platos.
- Porque usted es una maniática del orden y le gusta que su casa esté impecable las 24 horas del día. Esperar a que un adolescente ordene sus cuadernos cuando llega del colegio o se "mueva" para barrer el jardín supone paciencia y tolerar el desorden durante un rato. Controle el ataque y, una vez pedida la ayuda, no lo haga usted.
- Porque tal vez, sin darse cuenta, es sobreprotectora: usted ya no se acuerda de lo que era capaz de hacer a esa edad, pero es más de lo que usted cree. Los niños de familias de más bajos recursos son muchísimo más autónomos y desde muy pequeñitos van solos a comprar, llevan a sus hermanos al colegio y los cuidan mientras los padres salen a trabajar.
TOMADO DE: http://encuentra.com/hijos_y_educacion/cuanto_debe_ayudar_un_hijo_en_casa15190/

jueves, 9 de enero de 2014

AMENIDADES

Mamá ¿Que tienes en la barriga?
-Un bebé que me regaló tu papi.
-¡Papá! no le regales mas bebés a mamá porque se los come!



EL MEJOR REGALO

Mel Gibson, el patriota de la familia

Autor: P. Llucià Pou Sabaté 


Ante la pregunta “¿Qué fue lo mejor de crecer en el seno de

 una familia numerosa?”, dice: “Todo es bueno. Incluso las

cosas malas. Sobre todo, porque cuando llegan las puedes

repartir entre un puñado de gente, y no parecen tan

malas..."
Mel Gibson, el patriota de la familia
Mel Gibson, el patriota de la familia


Recuerdo que la película “El Patriota”, dirigida por Ronald Emmerich, y protagonizada por Mel Gibson narra la historia de una inminente revolución entre Estados Unidos e Inglaterra (estamos en el XVIII), y Benjamin Martin (Gibson) es un ex soldado que tiene una pacífica vida en su granja de Carolina del Sur, al lado de sus siete hijos, y prefiere la familia a participar en la guerra... Parece que esté hablando de la familia del actor, pues su familia emigró en 1968 a Australia: su padre no quería que llamaran a filas a sus hijos mayores, ya en edad de ir a Vietnam (es el sexto de 11 hermanos). Como siempre en las películas de Gibson, el film es un canto a la libertad.

Dejando aparte sus películas de acción y más comerciales, refleja este actor una postura íntegra, extraña en un mundo del cine (está casado con la misma mujer desde hace veinte años y es padre de siete hijos, como en el caso de su personaje de “El patriota”). "Me pasé la vida haciendo estupideces", dice sobre su profesión y quizá por esto se ha hecho su compañía productora y prefiere vivir su vida lejos de Hollywood. Decía entonces que nunca, jamás, se toma muy en serio a sí mismo. A sus 43 años y decía había aprendido que el éxito mata (tuvo su etapa de alcohol y violencia en los primeros tiempos). Ahora sabe poner sus prioridades: "Tener una familia numerosa es divertido, me alegra —dice el actor—. Me mato por ser un buen padre. No siempre sé qué diablos estoy haciendo, pero imagino que entre el número uno y el número siete debo de haber aprendido algo".

Define a su esposa como la roca de su vida, la mujer que tiene una "capacidad especial para mostrarme las cosas en perspectiva", y Gibson evita tentaciones y trampas. En “El Patriota” su personaje dice: "Siempre tuve miedo de que mis pecados volvieran a visitarme", al principio del filme. Él mismo escribió esa frase porque "era lo que me interesaba destacar de él. Quería que fuera alguien atormentado y lastimado, con un pasado oscuro".

La estrella mejor pagada de Hollywood quiere ser un hombre sencillo rodeado de su familia numerosa. En ese tiempo, y ya mediada la cuarentena, se ha erigido en una leyenda cinematográfica que mantiene su atractivo, se dedica a la familia y, en privado, emprende actividades caritativas para organizaciones de defensa de mujeres maltratadas.

En el libro que da el guión a “El patriota”, el protagonista tiene seis hijos pero cuando nació el séptimo de Gibson, lo integraron en el guión. Y comentando su emoción de padre añade: “He estado en los nacimientos de cinco de los siete. No hay una experiencia tan fuerte como ver emerger el milagro de la vida, se lo juro. Los años me han hecho perder parte de mi gran egoísmo. Eso me convierte en un mejor padre a los 40 que a los 20”. Dice que rechaza películas que le gustaría hacer “pero que me hubieran mantenido lejos de casa durante unos cuantos meses. Mis siete hijos me impiden aceptar esas propuestas y el dinero que tengo me permite elegir estar con ellos. Necesitan ver a su padre”.

Ante la pregunta “¿Qué fue lo mejor de crecer en el seno de una familia numerosa?”, dice: “Todo es bueno. Incluso las cosas malas. Sobre todo, porque cuando llegan las puedes repartir entre un puñado de gente, y no parecen tan malas. Tienes que aprender a coexistir, compartir y hacerte escuchar entre los demás. Y es bueno descubrir cuanto antes que no eres precisamente el centro del universo, que hay mucha gente a tu alrededor y que, a veces, les tienes que ceder el paso porque sus problemas son mayores que los tuyos. Buscarte la vida es muy sano a una edad temprana. Te prepara para lo que pueda venir.”

Ante un mundo lleno de padres que tienen miedo a tener hijos, porque tienen miedo al fracaso de no saber educarlos, Gibson aparece como un apasionado de su familia: “Siempre me ha aterrado pensar en esos hijos que no han recibido el ejemplo de los padres, que no los aman y que no se parecen en nada a ellos. Y, en el caso de un actor famoso, el riesgo que corren de convertirse en monstruos es aún mayor que el de un padre, sólo un padre, como usted dice”.

miércoles, 8 de enero de 2014

SI QUIERES SER UN BUEN PADRE, SÉ UN BUEN ESPOSO

El último libro de Piero Ferruci, "Nuestros maestros los niños" ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice: "Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con
ella no es buena".
La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que "cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos:su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de alquiler, de los bancos de espematozoides... Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo. Si
la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto" .
La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:
"A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí". Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones.
Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:
"Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.
Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia Vivien... Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo".
¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal? Este autor italiano es un gran romántIco y cree que la fuente de amor para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos.
"Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor... Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde de septiembre, Vivien que acude a recibirme al aeropuerto un día de
lluvia. el concierto durante el embarazo de Emilio...
Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es
perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura". 
Tomado de Hacer Familia
Por María Esther Roblero

lunes, 6 de enero de 2014

Alcohol y chicas adolescentes

¿Por qué una jovencita toma alcohol? Una luz de alerta para los padres de familia, quienes posiblemente no se han percatado de este problema que crece día con día.
Como un adolescente más, fuimos a bailar. Comprobamos que hay de todo, como en otras épocas. Pero es una realidad que hoy las mujeres toman sin ninguna inhibición. Y cuando ellas pierden el control… Cunde el descontrol.
Es una fiesta de la juventud. Distinta a la de generaciones anteriores, sí. Hombres y mujeres se visten al lote. Que parezca natural. Ellas con pantalones sueltos, blusas ajustadas sin mangas y varias con grandes escotes en la espalda, o que llegan justo al borde del pantalón para que al moverse se vea más… zapatillas, pelos sueltos o moños tirantes, aritos de colores, sin pintura, sólo algunas con brillos. Ellos, con el pelo despeinado (muchos sin lavárselo), pantalones relajados, camisa, zapatillas. No parecen arreglados, pero lo están. Esa es la moda.
Alrededor de la pista de baile grupos de mujeres y hombres conversando, separados o revueltos. Gente que camina de un lado para otro. No hay dónde sentarse, más que una especie de pasillo con mesas y sillas, muy oscuro, donde algunos conversan. En la pista de baile, parejas bailando y grupos de mujeres que se mueven de manera bastante sensual. Las sacan a bailar aunque ellas estén bailando solas. Caminando, tropiezo con una pila de chalecos y chaquetas, otros los amarran a los postes.
La barra está repleta. A nadie le piden identificación y todos son menores. Casi todas las mujeres tienen un trago en la mano. Al correr de la noche se ven los efectos, a algunos se les ha pasado la mano: les cuesta más caminar o están con la mirada perdida. Pocos, aunque siempre los hay, están realmente borrachos. Ellas bailan más sueltas, más desinhibidas. Una pareja de novios se mueve provocativamente en la pista…
En el camino de vuelta una niña pidiendo a algún automóvil que la lleve y dos amigos se esconden hasta que un auto pare. Mis acompañantes, entre 15 y 18 años y conocedores del lugar, dicen que estaba buena la fiesta y que hay otras en que pasan más cosas (más ebrios y peleas). Todo depende del precio del trago.
Como en cualquier discoteque, hay de todo. Pero me quedó dando vueltas la letra de una canción que escuché esa noche: "Mozo por favor/dame una cerveza/Dame otra y otra más/Que la tengo que olvidar…".
SIN COPETE NO SE ATREVEN
Quizás no hay nada nuevo bajo el sol y la juventud siempre ha sido igual. A algunos se les pasa la mano con el trago, a otros no. En algunas fiestas casi todos están borrachos, otras son muy sanas. Unos son reventados, otros no. Pero lo que está claro es que ahora, en las fiestas -públicas o privadas-, se ve algo que antes no se veía: las mujeres tomando.
Según el psiquiatra Sergio Canals, en la última década ha cambiado la forma de tomar de las mujeres. Por un lado, empiezan antes, y a los 13 años muchas han probado y algunas hasta se han emborrachado. Y, por otro, toman con más desinhibición social, cuentan que se emborracharon y no pasa nada, porque hay mayor tolerancia.
"Hago charlas en colegios y en cursos de mujeres o mixtos de 7º y 8º básico. Cuando pregunto quién se ha emborrachado, un porcentaje importante levanta la mano. Además, ahora sienten la aprobación social para contar una borrachera, lo que antes era privilegio del hombre. Antes daba vergüenza contarlo".
"Toman por lo mismo que los hombres: curiosidad, influencia del grupo, sentir mayor autonomía, ser adultos. Pero si nos preguntamos, para qué toman, es distinto. Toman para hacer cosas que sin alcohol, no se atreven. Buscan desinhibirse para establecer vínculos con los hombres. En la adolescencia es muy fuerte el deseo de explorar su cuerpo en relación con el hombre y poner a prueba su capacidad de relacionarse emocionalmente", dice Canals.
Al parecer, el alcohol las ayuda en su búsqueda. "La desinhibición que produce el alcohol les da sensación de libertad: pueden hacer más cosas. Pero, la verdad es que son menos libres porque no quieren ser conscientes de lo que hacen. Como resultado, al día siguiente no sienten culpa, fue por culpa del alcohol, dicen", explica Sergio Canals.
ALCOHOL Y ADOLESCENCIA
El adolescente tiene un riesgo natural de caer en el alcohol ya que vive una época de exploración del mundo, de la vida, de su sexualidad y busca entretenerse y pasarlo bien. Pero, por dentro no lo pasa tan bien. Entonces, el alcohol, que produce un efecto tranquilizante, de euforia y desinhibición, engancha perfecto con esta etapa.
El mundo ofrece a las mujeres modelos femeninos como famosas actrices que tienen una vida sexual precoz, que consumen drogas y alcohol, y que son muy atractivas para ellas pues encarnan la perfección, son bonitas, tienen personalidad… Hagamos lo que ellas hacen.
El hecho de que las fiestas sean en un lugar público y masivas, hace que todos sean iguales, ya nadie tiene ventajas por cómo se llama o de qué colegio es. Entonces hay que sobresalir por algo, tener más personalidad y el trago ayuda.
Algunos publicistas interpelan a los adolescentes porque los consideran un mercado importante y saben que mientras antes se les incorpore el hábito, más fácil será que sigan consumiendo cuando adultos. A la vez, en el comercio se les vende alcohol como si fueran adultos, hay bares abiertos, las fiestas se llaman "Hígado valiente",… "Hay una permisividad legal y una falta de ética al vender una droga a personas que todavía no son adultas, que aún no tienen estructurado su mundo valórico, ideológico y emocional", afirma Canals.
Para tranquilidad de los padres, el Dr. Canals señala que "La mayoría de las adolescentes tiene una vida normal, estudia, no lleva una vida sexual promiscua y cuando se toma una copa, no se emborracha". Agrega que cuando se trasforman en bebedoras excesivas tampoco lo hacen por "buscar el sentido de la vida y evadir problemas", como podría suponerse. En su afán de explorar el mundo, quieren llegar al límite de la euforia y de la desinhibición, pero ese límite está muy próximo al punto en que se pierde el control y la memoria. Es muy difícil no pasarse. Y como son muy jóvenes, se les pasa la mano más fácilmente. Mientras más tardío es el consumo hay mayor autocontrol".
ASí LAS VEN ELLOS, ASí SE VEN ELLAS
"Amores de barra/ y un lápiz de labios/ mal puesto en el baño/ colirio en los ojos/ pegote el rimel/ la copa en la mano/ y vuelvo a tu lado/ Son las doce, hasta las cinco te utilizaré/ no hace falta que mañana te vuelva a ver…", dice una canción de “Ella baila sola”.
El verano pasado una adolescente de 16 años murió al caer de un tobogán. Había tomado, pero no estaba borracha.
"Tomas hasta la una para llegar bien a la casa a las tres y media. Además se puede usar una pastilla de menta o un cigarro para que los papás no cachen. Y como generalmente están dormidos, ni se dan cuenta", dice una amiga.
Pero encuentran "horrible" que una mujer se emborracha. "Cuando veo una niña ebria, lo encuentro patético", (Paula, 16). "Que se tomen uno o dos tragos no me importa, pero si se ponen alegrones, me molesta", (Carola, 17).
Ellas dicen que no les gusta tomar. "Mi mamá me dijo que era muy chica y tiene razón. ¿Para qué voy a tomar si me queda una vida por delante?", (Cata, 17). "Somos como diez amigas y una o dos se toman un vaso de vez en cuando. Y en las fiestas, las borrachas son las menos, sí hay alegrones", (Rosario, 16). “Algunas piden un vaso entre tres, sólo por decir que toman”, (Cata, 17).
EL DIÁLOGO CON EL PAPÁ ES INSUSTITUIBLE
"La mejor prevención es que el papá llegue a la casa y le dé un beso cariñoso a su señora, otro a su hija y no le pregunte cómo le ha ido en el colegio, sino cómo ha estado", dice el psiquiatra Pablo Egenau en sus charlas. "El vínculo entre el papá y la hija adolescente es fundamental", agrega Canals y señala cuatro factores que el papá debe considerar para guiar a su hija en la construcción de su identidad, su mundo valórico, y su proyecto de vida.
El triángulo del amor: Querer, quererse y ser querido, que está atravesado por el amor de Dios y hacia Dios. Aquí juega un papel fundamental la autoestima. Si no me quiero, no me siento querido y no puedo querer. Se produce un vacío enorme. Pero el día que descubro que con un trago o una probada de droga eso se me pasa, de ahí a quedarse pegado hay un paso. La religiosidad es un factor muy protector, porque el hijo se siente querido por Dios.
- Construir un proyecto de vida con sentido, es decir tener una motivación para esforzarse y crecer. Que las preguntas de por qué, para qué y por quiénes vivo vayan teniendo respuesta.
- Construir una identidad sólida: Es lo que hace ser diferente a un joven de otro y no dejarse arrastrar por el grupo. Aunque en la adolescencia se está construyendo la identidad, ya se necesita estar contento con lo que se es.
- Mundo valórico: Muchas veces la gente que hace prevención evita decir que es malo consumir alcohol. Pero a esta edad hay que decirlo con todas sus letras. No es malo porque sí, sino porque en la juventud, y por todo lo dicho anteriormente, es muy fácil caer en la adicción, y eso destruye la vida, la libertad y la dignidad, y deshumaniza.
El psiquiatra finaliza asegurando:
"En un buen entorno familiar, en que hay estabilidad emocional, valores claros, un mundo con sentido religioso…, hay pocas probabilidades de que el trago se convierta en un problema".
Dentro de las señales de alerta que pueden ser indicios de ingestión imprudente de alcohol aparecen:
- Baja en el rendimiento escolar.
- Cambios en la conducta que no se explican sólo por estar en la etapa de la adolescencia.
- Mentiras reiteradas.
- Aislamiento o retraimiento.
- Repentinos cambios de ánimo.
- Cambio de amistades.
- Solicitud excesiva de dinero.
- Pérdida de dinero, objetos y prendas de vestir.
- Accidentes, moretones o heridas inexplicables.
PARA TENER EN CUENTA
Un vaso de vino en el hombre, se demora entre 45 minutos y una hora en metabolizarse. En la mujer, entre una hora y una hora y cuarto. Biológicamente la mujer absorbe el alcohol más lento, por lo que le da vueltas en la sangre más tiempo. Eso significa que el alcohol causa estragos en las mujeres si se toman otro trago antes de una hora y media.
Tomar lento, porque así el hígado tiene más tiempo para metabolizar. Si se toma al seco se inunda el sistema biológico de alcohol y el hígado no tiene tiempo para reaccionar.
Mientras más adulto se empiece a tomar, menos posibilidades de llegar a ser un bebedor excesivo. El consumo precoz aumenta las posibilidades porque crea el hábito y mientras más joven, menos control.
Comer antes de tomar protege de los efectos del alcohol. Una cerveza con el estómago vacío, emborracha.
El riesgo de manejar con trago o subirse al auto de un amigo que se sabe que ha tomado, es evidente. Para alcanzar a frenar y no chocar, se demora, desde que se ve el objeto hasta que se frena, 0,5 segundos. Con una cerveza chica es 0,7 segundos y eso equivale a un choque.
"ASÍ LA VI YO" (TESTIMONIO MASCULINO)
"Yo estaba con mis amigos cuando llegó ella. Me acuerdo que me saludó de manera muy efusiva. Era súper bonita, la conocí en la semana y me llamó la atención su forma de ser tranquila y femenina. Por eso, desde el minuto en que llegó, me pareció muy extraña. No se despegó de la barra. Llevaba ya dos o tres vasos en el cuerpo y comenzó a gritar, a saltar y a bailar súper vulgar. Atraía a algunos, pero le perdían el respeto. Siguió tomando. Bailaba con sus amigas, empujando y riéndose de manera poco femenina. De pronto se cayó entre gritos y burlas de los que la rodeaban. Las amigas ni se dieron cuenta porque coqueteaban con unos gallos, también ebrios.

Cuando vi que no podía pararse, la levanté, la tomé en brazos y la saqué de ahí. Tomamos un taxi. Estaba inconsciente y vomitó. La dejé en la puerta de su casa, como si fuera un bulto. Sentí una especie de rechazo, una gran desilusión. Pero también me dio pena porque el problema no está en el trago, sino que en ella. El lunes me saludó como si nada. Y el fin de semana siguiente, increíble, pero la vi igual de borracha". (alumno de IVº Medio).